Grecia, cuna del maratón, organiza desde 1983 una carrera de 246 kilómetros que recupera el espíritu del guerrero ateniense Filípides. Es el ‘espartatlón’, un recorrido por la desconocida historia que da origen a la prueba más popular de los Juegos Olímpicos. Once españoles quieren correrlo este año.


La Royal Air Force (RAF) incluye el lema ‘Per ardua ad astra’ (‘A través de la dificultad hasta las estrellas’) en su escudo de armas. Detrás de estás palabras en latín hay un vínculo que conecta el alma del guerrero testarudo con la gloria de las hazañas inverosímiles. Es el espíritu que une a John Foden, coronel de la RAF, y al hemerodromo ateniense Filípides. Separados por 25 siglos de Historia, ambos lograron recorrer la distancia entre Atenas y Esparta, unos 250 kilómetros de piedras y caminos sinuosos, en día y medio.

Para entender el vínculo entre Foden y Filípides hay que desempolvar viejos libros de Historia y diseccionar la definición de maratón como concepto contemporáneo. La narrativa deportiva recoge que la prueba de maratón nació en 1896, con motivo de los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna. La idea se le atribuye al filólogo francés Michel Bréal, que propuso a Pierre de Coubertain, a la sazón ‘padre’ del Olimpismo moderno, la celebración de una carrera inspirada en la batalla de Maratón. Querían escoger a los atletas griegos que iban a participar en los Juegos de Atenas. De esta forma, se pretendía rememorar la carrera que hizo Filípides desde las playas de Maratón a Atenas para anunciar la victoria griega sobre los persas en la primera Guerra Médica. Es la versión del escritor sirio Luciano de Samosata, que nada tiene que ver con el relato que tres siglos antes hizo Herodoto, considerado el ‘padre’ de la Historia. Él recogió en su obra ‘Historia’ que el soldado Filípides fue enviado desde Atenas a Esparta para solicitar ayuda a los espartanos, puesto que los atenienses no se veían capaces de contener el desembarco persa en la costa de Maratón. En realidad, y siempre según el relato del ‘padre’ de la Historia, la carrera desde Maratón a Atenas -el concepto que inspiró a Coubertain- hace referencia a la acelerada marcha del ejército griego desde Maratón hasta la actual capital de Grecia. Pretendían defender la ciudad ante un posible ataque de los barcos persas. Algo que, al final, no se produjo.

En 1982, Foden y un grupo de cuatro oficiales de la RAF quisieron honrar la narración de Herodoto de la mejor forma posible: su relato ganaría mucha credibilidad si demostraban que un hombre es capaz de correr la distancia entre Atenas y Esparta en menos de día y medio. Lo consiguieron. Foden y dos de sus hombres hicieron la travesía con cronos que fueron de las 34 a las 39 horas. Esta hazaña fue el embrión y el impulso definitivo de lo que hoy en día se conoce como ‘espartatlón’, porque un año después, un grupo de corredores y las autoridades helenas organizaron la ‘Open International Spartathlon Race’, un ultramaratón de 246 kilómetros. En esa primera edición, que ganó el griego Yiannis Kouros, participaron 45 corredores de once países.

Una prueba que se autofinancia

El ‘espartatlón’ es duro incluso antes de realizarlo. Los requisitos para poder participar y emular al hemerodromo ateniense son muy estrictos por motivos obvios. La organización, además de solicitar certificados médicos, dispone unas marcas mínimas solo al alcance de corredores con muchas millas y experiencia en sus zapatillas. Si se cumplen, la tasa de inscripción es de 450 euros. Con esta cuantía, el participante dispone de seis noches de hotel, alimentación, transporte y cuidados médicos, entre otros.

Este año la competición celebra su 32ª edición. La International Spartathlon Association (ISA), que organiza la carrera desde 1984, garantiza la participación a los primeros 380 corredores que se hayan inscrito. Para el ‘espartatlón’ de 2014 ya hay registradas 600 peticiones, según confirma la propia ISA. De esas solicitudes, 11 proceden de España. Así que, será inevitable la lista de espera.

La carrera cuenta con una nutrida representación internacional. De hecho, la organización establece límites de participantes para países como Japón, Alemania o Grecia, donde ‘el hermano mayor del maratón’ goza de gran popularidad. Kostis Papadimitriou, miembro del comité de directores de la prueba, señala que uno de los grandes logros de la prueba está en mantenerse pese su carácter no lucrativo. De hecho, la competición casi se autofinancia con las tasas de inscripción. El resto de costes los asume la fundación Stavros Niarchos. “El éxito financiero del ‘espartatlón’ reside en que ninguno de los organizadores cobramos ni un dracma y nos sentimos muy orgullosos por ello”, presume Papadimitriou. La prueba supone además una fuente de ingresos para las localidades en las que se desarrolla el reto. Incluso el Gobierno heleno protege la carrera a través del Ministerio de Turismo. Según el propio organizador, “el impacto en el turismo es importante. Al gasto desembolsado por los corredores con motivo de la carrera, se une que muchos de ellos y sus acompañantes deciden pasar sus vacaciones estivales en la zona. Incluso algunos de ellos viajan semanas antes para inspeccionar el recorrido”,

Una vez cumplidos los requisitos y confirmada la aceptación de registro -suele producirse en junio-, ya solo queda señalar en rojo la última semana de septiembre, fecha en la que tiene lugar la carrera. Se escogen esos días en el calendario puesto que, según Herodoto, fue el momento del año en el que se produjo la hazaña de Filípides. A partir de ahí, ‘solo’ queda prepararse. El ‘espartatlón’ es una carrera extremadamente dura tanto por las condiciones del terreno como por los tiempos máximos permitidos por la organización en los puestos intermedios. Si el corredor los sobrepasa, está eliminado. De hecho, solo un tercio de los participantes consigue llegar a la estatua de Leónidas en Esparta, el tramo final de la carrera. Por el camino, un desnivel de 1.200 metros, quizá lluvia y unos caminos que embelesan por la belleza del paisaje, pero agreden como las piedras que saltan en su recorrido. Con estas condiciones, al corredor tiene un límite de 36 horas. Sirva como referencia el récord de la prueba, en posesión del ganador de la primera edición, Yiannis Kouros, con 20 horas y 25 minutos. Si se consigue llegar, esperan al héroe una corona de olivo y un  cuenco con agua fresca del río Eurotas, ofrendas con las que se honraba a los héroes olímpicos en la Antigüedad. Héroes como Filípides, o incluso Foden, que superaron todo tipo de dificultades para alcanzar la gloria. ‘Per ardua ad astra’.

Información y fotos: http://www.spartathlon.gr