Divorcios millonarios, procesos judiciales y una operación a corazón abierto. Circunstancias que para cualquiera de los mortales podrían suponer el pasaporte al otro barrio, son muescas en la dilatada trayectoria de la cuarta fortuna del Reino Unido. Bernie Ecclestone, patrón de la Fórmula 1, ha superado todo tipo de problemas en su vida pero, recién iniciada la temporada, está preocupado. Muy preocupado. La nueva reglamentación de las carreras ha supuesto muchos cambios. Las nuevas especificaciones afectan especialmente al ruido de los monoplazas. Ya no rugen, sisean y eso, en su opinión, es un problema. De hecho, tras el primer gran premio en Australia, se mostraba “horrorizado” no por el sonido de los coches, sino por “la ausencia de sonido”. Ron Walker, presidente del Gran Premio de Australia, afirmó que se oía más a los espectadores que a los coches. “No hemos pagado por eso”, remató. Las declaraciones en este sentido se sucedieron en cascada. Ecclestone, en silencio, se frotaba las manos. Estaba asestando un duro golpe a la Fórmula E, la  competición de coches eléctricos que puede ser el gran rival de la Fórmula 1 en los próximos años.

Star Wars en Nueva York

En el número de enero de 2014 de Metadeporte, Alejandro Agag, promotor de esta nueva competición, señalaba que no había ningún problema. “La Fórmula E no pretende competir con la Fórmula 1. Somos complementarios”, afirmaba. Pocos meses después, Ecclestone ha lanzado un dardo envenenado a Agag con su ‘problema’ con el ruido de los coches. Tanto en la entrevista concedida a este medio como en otras, Agag siempre ha resaltado el carácter ecológico y sostenible de la Fórmula E. Los monoplazas eléctricos no contaminan con el combustible y son extremadamente silenciosos, lo cual se vende como un valor añadido de la competición que arranca en septiembre. El promotor de la ‘fórmula eléctrica’ no tardó en responder al ‘jefe’ de la Fórmula 1. Con mucha sutileza e imaginación, Agag salió rápidamente en defensa de sus coches eléctricos y comparó su sonido con el de los famosos podracers de Star Wars. Es decir, el ruido sigiloso de las naves de La Guerra de las Galaxias.

Empieza a haber ruido de fondo. El ‘conflicto’ del sonido no deja de ser una anécdota en el inmenso negocio que suponen los coches de carreras. Y Ecclestone ve peligrar su control. Agag está dibujando el futuro de la competición y eso, en un club cerrado como la Fórmula 1, supone mover cimientos. La disputa se ha trasladado en las últimas semanas a Nueva York. Según publica Forbes, la Fórmula E está trabajando con las autoridades de la Gran Manzana para llevar a sus calles un gran premio ‘eléctrico’. La noticia contrasta con las dificultades que ha tenido Ecclestone para organizar un Gran Premio en Nueva York. De hecho, en los últimos años se ha anunciado que dicha carrera estaba en el calendario en varias ocasiones para luego desestimarlo. De momento, en de forma provisional, Nueva York sería posible en 2015. Pero Agag parece haber tomado la delantera y la ciudad de los rascacielos está trabajando con su propuesta. El Gran Premio podría costar a Nueva York mucho menos de los cien millones en los que se estima la Fórmula 1. El empresario español juega fuerte puesto que su modelo de negocio es muy diferente al de Ecclestone: mientras la Fórmula 1 exige un canon a las ciudades que albergan las carreras, la Fórmula E no lo solicita y pide a las autoridades locales que trabajen en la organización y la consecución de patrocinadores locales. El ahorro en la factura para una gran ciudad es considerable y, más que “complementaria”, se podría decir que la Fórmula E puede ser disruptiva. Solo si no hay un Darth Vader que lo impida.

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Fórmula E

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