El empresario de origen indio compró Sacramento Kings en 2013 por 388 millones de euros. Su visión tecnológica supone un nuevo camino para expandir la NBA a nuevos mercados. Todo gracias al Big Data.

Vivek Ranadivé no había tenido contacto directo con el baloncesto hasta 2009. De hecho, en su época de estudiante tenía ciertas preferencias por el cricket y el fútbol. Cinco años después, este empresario indio se ha propuesto convertir el baloncesto en el deporte rey, por encima del fútbol. La ‘culpable’ de esta decisión es su hija Anjali. Redwood City, su equipo, deambulaba con más pena que gloria por las últimas categorías de la National Junior Basketball hasta que su padre decidió analizar qué ocurría. Claro, no es lo mismo que diseccione la situación un progenitor prendado de su hija que lo haga un padre que, además de profesar ese amor paterno, es el creador de la tecnología que permite invertir en Wall Street en tiempo real. Porque Ranadivé es sinónimo de tiempo real y, por ende, del concepto Big Data.

Llegó a Estados Unidos en los años setenta con un puñado de dólares. Quería estudiar en el MIT de Boston y no cejó en el empeño hasta que lo logró. Para ello, tuvo que acampar frente a la oficina del gobernador del Reserve Bank of India en Mumbai. El Gobierno de su país no permitía entregar moneda extranjera a estudiantes, pero él lo consiguió. Tras especializarse en Ingeniería Electrónica y cursar un MBA en Harvard, lanzó Teknekron Software Systems, una compañía que cambió para siempre el modo en el que se hacían los negocios en Wall Street, el corazón del capitalismo. Ranadivé desarrollo un software que realizaba transacciones bursátiles en tiempo real. Era 1987 y supuso todo un cambio de paradigma para los mercados. El empresario indio vendió la empresa a Reuters y fundó TIBCO, una nueva compañía que ha llevado la filosofía del trabajo y los negocios en tiempo real a todos los sectores. Amazon, eBay, Apple o el Departamento de Defensa de Estados Unidos trabajan con TIBCO.

El deporte del siglo XXI

A sus doce años, Anjali estaba cansada de ver cómo el resto de equipos les pasaba por encima, así que convenció a su padre para que les entrenara. Ranadivé solo puso dos condiciones: no quería gritos y, además, proponía el sentido común como estrategia. El mismo sentido común que le había llevado a triunfar en los negocios. Redwood City cambió radicalmente su táctica. Las jugadoras, que no estaban precisamente bendecidas por la mano de Michael Jordan, comenzaron a presionar en la cancha del equipo contrario hasta la extenuación. A las jugadoras rivales les quemaba el balón en las manos. ¿El resultado? Redwood City dejó de acabar con el casillero a cero para ganar holgadamente y dejar a sus rivales en dígitos irrisorios. Incluso el gurú del marketing Malcolm Gladwell les dedicó un artículo. Anjali y sus compañeras se convirtieron en máquinas de ganar sin tener precisamente las mejores condiciones ni el talento para ello. Fue el punto de inflexión para Ranadivé, y quizá para el baloncesto.

Un año después, en 2010, el empresario se convirtió en el primer ciudadano procedente de India que adquiría un equipo de la NBA al hacerse con los Golden State Warriors. Pronunció unas palabras reveladoras: “El fútbol es el deporte del siglo XX, pero creo que el baloncesto puede ser el deporte del siglo XXI”. Fiel a su pensamiento, redobló la apuesta en mayo de 2013 y compró Sacramento Kings por 534 millones de dólares, la mayor venta de la historia de la competición. En la puja por el equipo californiano, Ranadivé se impuso a Steve Ballmer, mandamás de Microsoft. Años antes, en la adquisición de Golden State Warriors, también ‘ganó’ a otro gurú tecnológico. Concretamente a Larry Ellison, CEO de Oracle.

La NBA como una red social global

La llegada del empresario indio a Sacramento ha supuesto toda una revolución para el equipo californiano. En primer lugar porque mantiene el equipo en la ciudad tras el riesgo de traslado a Seattle que suponía la venta a Ballmer. Ranadivé no solo adquiere el equipo, sino que ha hecho público su compromiso de invertir 500 millones de dólares en un estadio nuevo en el ‘downtown’ de la ciudad. Es una apuesta a largo plazo y que tiene como objetivo desarrollar un modelo de franquicia que, en palabras de su propietario, va a valer “billones de dólares” en los próximos años. En sí, está hablando del modelo de franquicia hacia el que caminan todos los equipos de la NBA. Sacramento solo es la punta de lanza.

El propietario de TIBCO basa este modelo en una revolución tecnológica en la gestión de la relación del equipo con los clientes, es decir, sus fans. Considera que las franquicias de la NBA son grandes redes sociales y, por consiguiente, generan grandes volúmenes de datos que pueden ser analizados, por supuesto en tiempo real, para obtener más ingresos. Este modelo, que ya dio sus primeros pasos en Golden State Warriors, se puede trasladar al resto de equipos y, por elevación, a la propia NBA. Es decir, la NBA como una red social global, la NBA 3.0. No cabe duda que Ranadivé pone sus ojos en el mercado asiático, especialmente en su país natal, cuando proyecta esta visión. Son 1.200 millones de personas, a las que se pueden añadir los 1.300 millones de chinos. Sobre el papel, su punto de vista puede resultar rico en el terreno de las ideas, pero quizá necesita tiempo para ofrecer resultados. No le ayuda la asociación superficial que se hace cuando se relaciona tecnología con espectáculo. Por ejemplo, son populares las innovaciones del Sleep Train Arena de Sacramento, donde se aceptan los bitcoins como moneda o no es extraño ver sobrevolar drones sobre aficionados que lucen las gafas de Google. Más allá del ‘envoltorio’, Ranadivé confía en la tecnología que va ‘por debajo’. Quiere monetizar los datos. Explotar los patrones de comportamiento de los aficionados. Y, en su opinión, ese es el futuro de la NBA

Inmediatamente después de comprar el equipo, TIBCO puso en marcha Royal Circle, la red social de Sacramento. Esta herramienta, más que un espacio para las relaciones entre aficionados -como ocurre habitualmente en otros clubes o equipos-, pretende premiar la fidelidad del aficionado con entradas y productos. Más que una red social es un club de consumo, pero cerrado al ‘universo Sacramento’. Ranadivé lo define como ‘loyalty science’. La red, con su correspondiente app para teléfono inteligente, reconoce al aficionado cuando entra en el estadio y se convierte en su asistente dentro de la cancha. Si, por ejemplo, el aficionado quiere un refresco, la aplicación hace que un empleado le lleve la bebida a su asiento. Pero el empresario de Mumbai quiere que esta experiencia vaya más allá del propio estadio y, por ejemplo, un fan que vive en India también pueda disfrutar de los beneficios que supone ser leal a su equipo favorito, en este caso, Sacramento Kings. Se trata de ofrecer al aficionado, esté donde esté, una experiencia única y personalizada gracias al análisis de sus datos en tiempo real. Ranadivé quiere dar a los aficionados lo que quieren y cuando ellos quieren.

Esta estrategia ha chocado de plano con otro de los grandes ‘popes’ de la NBA. En un artículo de la revista Wired, Mark Cuban, propietario de Dallas Mavericks cuestionaba abiertamente la omnipresencia tecnológica del ‘modelo Ranadivé’: “En Dallas queremos divertir a la gente lo suficiente durante las pausas para que se olviden de mirar a sus teléfonos. Si se conectan para otra cosa que no sea enviar un email o un mensaje, significa que hemos fallado en entretener a nuestros clientes”. El caso es que Ranadivé sigue adelante con su empeño en convertir la NBA en una gran red social global. Su modelo está dando los primeros pasos, pero su equipo no acaba de enderezar la trayectoria. Sacramento está firmando una temporada irregular en las canchas. Quizá Anjali tenga que recordarle a su padre que, datos aparte, esto del baloncesto es solo un juego.