Experto en Economía del Deporte y en el impacto económico de los eventos, el profesor Barajas, coordinador del Master de Gestión Empresarial del Deporte de la Universidad de Vigo analiza en su última publicación la situación financiera de los clubes de fútbol españoles. La conclusión es clara. La gestión debe mejorar, pero el contexto no ayuda. ¿Es momento para un cambio de mentalidad o el fútbol puede con todo?

 

Recientemente ha publicado con Plácido Rodríguez Guerrero el paper ‘Spanish Football in Need of Financial Therapy: Cut Expenses and Inject Capital’. El diagnóstico es demoledor: “El fútbol español está en muy mala situación financiera”. ¿Quiénes son los responsables de esta situación?

El diagnóstico es claro pero hay diferentes tipos de pacientes. Algunos que de por sí son fuertes y pueden sobrellevar fácilmente las dificultades y otros que tienen muy pocas reservas y han necesitado tratamientos más de choque. Con esto quiero decir que generalizar resulta arriesgado. No obstante, se puede decir que si existe un problema financiero obviamente está ligado a la gestión financiera. Así los gestores tendrán su responsabilidad tanto para lo bueno como para lo malo. Algunos han sido más prudentes que otros y eso en ocasiones les ha supuesto renunciar a éxitos deportivos.

El problema del fútbol, y de otros deportes como el baloncesto o el balonmano, es que, en Europa, hay un sistema abierto de competiciones que pueden dar acceso a mayores ingresos -accediendo a la Champions League, por ejemplo-, o reducirlos dramáticamente, en caso de descenso de categoría. Eso crea una gran presión en los dirigentes que, en numerosas ocasiones, se traduce en decisiones de gasto, especialmente en jugadores o entrenadores, que finalmente se convierten en pérdidas. Si además le sumamos que los aficionados piden fácilmente la cabeza de entrenadores o directivos, la tensión a la hora de tomar decisiones se multiplica y los errores proliferan. Por otro lado, la prensa especializada está ávida de noticias sobre traspasos y movimientos de jugadores. A la vez que se critican algunos contratos, se aplauden y promueven otros. Más presión sobre los dirigentes. Meses de portadas sobre quién llega y quién se va de un club acaban generando inflación en lo que se paga por traspasos y salarios. Se habla de valor mediático y se olvidan de que lo que uno se compromete a pagar, lo tiene que generar vendiendo entradas, publicidad, derechos de televisión o lo que sea. El análisis pertinente de los costes en relación a los beneficios que se generan prácticamente brilla por su ausencia. Mientras tanto, los representantes se frotan las manos. Finalmente está la falta de control. Esto parece que se está corrigiendo desde UEFA y desde la LFP. No obstante, está por ver el resultado efectivo de las medidas de control financiero que se han puesto en marcha.

Llevamos años viendo estas alarmas, pero parece que no pasa nada…, ¿por qué?

Algo está pasando. Ya he comentado que se están implantado medidas de control financiero. De todas formas, hasta el momento, los clubes han entrado en concurso de acreedores de forma voluntaria. Además han entrado cuando ya no les quedaba más remedio. ¿Por qué ocurre esto? Porque ningún acreedor quiere ser señalado como el que instó el concurso del club de la ciudad. Ese es un poder que los dirigentes han sabido manejar.

En el documento hablan de la necesidad de inyectar capital, aumentar los ingresos reducir salarios… Suena un tanto utópico pero, la esperanza es lo último que se pierde. ¿Ha dado algún paso, que no sea en falso, el fútbol español para enderezar la marcha?

Algunos pasos se han empezado a dar y algo de mejoría se puede empezar a ver. Sin embargo, el problema más grave, que es el gasto en jugadores -incluyendo las amortizaciones de sus traspasos y sus remuneraciones-, no se ha conseguido atajar. He de decir que no es un problema fácil de resolver puesto que según como se plantee puede afectar a un mayor desequilibrio de las competiciones. Y esto es algo que en deporte es muy relevante. Por lo tanto, habría que ver cómo establecer ciertos límites salariales y de traspasos conjuntamente con la negociación conjunta de los derechos de televisión y compartir algunos otros ingresos.

En otro orden de cosas, federaciones, países, comunidades autónomas… publican informes del impacto económico de un evento deportivo con el objeto de justificar el gasto realizado. ¿Cómo se le puede ‘pasar el algodón’ a estas cifras? ¿Qué tiene que tener en cuenta el ciudadano cuando ve una noticia de este tipo?

En primer lugar, hay que saber quién paga por hacer el estudio de impacto. Está demostrado que existe un alto sesgo en los resultados cuando los estudios son financiados por el organizador o las administraciones públicas que promueven los eventos. Además, habría que considerar con suma prudencia los impactos mediáticos que habitualmente vienen a inflar los resultados hablando del ‘coste teórico’ que habría supuesto una campaña de publicidad -que nunca se habría llevado a cabo-, que consiguiera los impactos del evento. Por otro lado, el ciudadano percibe si un determinado evento mejora o no su calidad de vida. Algunos eventos han transformado ciudades y las han convertido en destinos turísticos, caso de Barcelona. En otros casos, no aportaron turismo, como en Atenas que ya de por sí era un destino turístico y sólo se crearon infraestructuras que han quedado abandonadas.

En los pasados Juegos de Invierno de Sochi se estima un coste total de 51.000 millones de dólares (37.000 millones de euros). En su opinión como economista, ¿cómo se puede justificar semejante inversión? ¿Se puede medir directamente la repercusión sobre el PIB del país o la región?

Desconozco los datos del coste de los Juegos de Invierno. No sé en que se han invertido. Pero siendo Rusia un país con deficientes infraestructuras como carreteras, aeropuertos, ferrocarriles…, si buena parte de ese dinero se ha destinado a mejorarlas, entiendo que el efecto será beneficioso. La cuestión por tanto es saber en qué se ha empleado ese dinero y si no se ha perdido parte del mismo por el camino. Habrá un efecto directo en el PIB que se puede estimar. Pero más importante es el efecto indirecto que se puede derivar de la creación de empresas y empleo, de la promoción de la ciudad y de la mejora de las comunicaciones. Medir esto resulta una tarea más difícil.

Al hilo de estos datos, se suele vender que un gran acontecimiento deportivo (Mundial de Fútbol, Juegos…) puede ser el ‘salvavidas’ para la economía de un país. ¿Cuánto tiene de cierto esta afirmación?

Por vender se puede vender casi todo. Particularmente, no creo que la economía de un país pueda depender de unos Juegos o un Mundial. No obstante, hay que considerar que el efecto de un gran evento no va a tener la misma repercusión en un país pequeño que en un país desarrollado o con un PIB elevado. Por ejemplo, no es lo mismo 15.000 millones de dólares que costaron los Juegos de Atenas 2004, que los 10.400 millones de Londres 2012. El efecto de los primeros, en un país con un PIB 250.000 millones de dólares es muy superior al de los segundos en una economía de 2.4 billones de dólares. Probablemente, no salven una economía pero sí que la pueden poner al borde de la quiebra.

 

Puedes ver el contenido completo de este artículo/reportaje en la edición de Marzo 2014 de Metadeporte. 

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