David Epstein es uno de los más reputados periodistas de investigación de Estados Unidos en el terreno del deporte y la ciencia. El redactor de ‘ProPublica’ desarrolla en su libro ‘El gen deportivo’ (‘The Sports Gene – Inside the Science of Extraordinary Athletic Permormance’, publicado en España por Indicios), un conjunto de argumentaciones para determinar si Rafa Nadal, Usain Bolt o Michael Phelps han nacido para triunfar o son fruto de un entrenamiento exhaustivo. Epstein ha recorrido el mundo en busca de ejemplos y pretende clarificar la relación entre talento y esfuerzo.

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Samuel Eto’o dice que él tiene que correr como un negro para ganar como un blanco. ¿Qué le diría al jugador camerunés?

Pienso que Eto’o quiere decir que un jugador africano tiene que ser más rápido que un jugador blanco europeo para ser compensado de la misma manera. No sé exactamente si todavía existe un sesgo semejante en el tratamiento de los futbolistas, pero la triste verdad es que, históricamente, los atletas negros tenían que hacer más que sus contrincantes blancos para obtener el mismo reconocimiento. Un ejemplo que conoce todo fan de los deportes en Estados Unidos es el caso de Jackie Robinson, el primer jugador negro en la MLB (liga profesional de béisbol). Muchos jugadores negros podían haber jugado en equipos de la MLB, pero solo Robinson tuvo la oportunidad porque está tenía la habilidad, estaba especialmente dotado y era brillante. ¡Solo necesitaba una oportunidad para demostrarlo!

No se entiende esta discriminación en el momento actual

El mundo ha cambiado mucho desde entonces, pero creo que todavía hay margen de mejora. En ‘El Gen Deportivo’ expongo casos científicos en los que se muestran las diferencias entre poblaciones con diferentes ancestros. Sin embargo, llego a la conclusión de que cada atleta es único, muy diferente a los demás, y que debemos evaluarlos a todos de forma individual, no como una muestra de un grupo particular. Volviendo al fútbol, mientras estaba elaborando el libro me interesé en conocer cómo cambiaba la fisiología del futbolista en función de su posición en el campo. Eto’o es un delantero y, como los jugadores en esta posición, tiende a ser el más rápido en distancias cortas. Los centrocampistas, sin embargo, no son tan rápidos en un sprint, pero tienen la capacidad aeróbica -la capacidad de hacer uso del oxígeno- el 50% más alta que un hombre con porcentaje medio. En realidad, lo que realmente tienen es resistencia, como los corredores de medio fondo. La fisiología es muy específica para cada posición, así que la clave está en poner a la persona adecuada en el lugar correcto.

Messi nació en Argentina, Cristiano en Portugal, Pele en Brasil… Siempre estamos buscando al próximo Messi o Neymar, pero no viajamos a los suburbios para encontrarlos. ¿Por qué los grandes futbolistas son tan diferentes pero muchos de ellos proceden de contextos de pobreza?

No creo que la verdad sea tan simple. Entre los últimos cuatro equipos que llegaron a semifinales en 2010 estaban Alemania, Holanda y España. Según el Banco Mundial, los tres están entre los 30 países más ricos del mundo. Si la pobreza estuviera directamente relacionada con el éxito de los futbolistas, los surafricanos, anfitriones en 2010, hubieran obtenido mejores resultados y superado a sus rivales. En Estados Unidos hemos tenido durante mucho tiempo la idea de que los mejores jugadores de la NBA venían de familias pobres, pero resulta que esto no es cierto. Mientras que algunos jugadores sin duda pertenecen a familias pobres, el hecho de poseer ingresos elevados es un factor que predispone para jugar en la NBA. No es una carga negativa. Michael Jordan, por ejemplo, se crió en una hogar estable de clase media.

Pero, dicen que la escasez agudiza el ingenio

Sí que creo que hay aspectos que se producen en infancias difíciles que, si se trabajan correctamente, pueden transformar los obstáculos en un trampolín hacia el éxito. Los corredores ‘kalenjin’ de Kenia no tienen tantas opciones como la gente de áreas más ricas. Sus elección es limitada: correr o ser agricultores. Como el hecho de correr, el fútbol es un deporte que no necesita un equipamiento especial -solo un balón-, y en las áreas donde hay pocas alternativas, los chicos buscarán el éxito en el fútbol. Pero hay un dato más interesante. Un sorprendente hallazgo científico indica que una práctica demasiado estructurada o una carga de entrenamientos muy elevada en edades tempranas puede ser mala para el desarrollo de las habilidades. Cuando hablamos de niños pequeños, el desarrollo de habilidades debe proceder de un juego no estructurado. En ocasiones, en países ricos, los chicos tienen un entrenamiento muy planificado y esto obstaculiza su desarrollo. En Brasil, por ejemplo, los niños juegan al fútbol sala. Son campos pequeños, balones menos pesados… Esto provoca que todos jueguen con mucho ritmo y tengan que tomar decisiones a la velocidad del rayo. Es el entrenamiento perfecto. Este tipo de juego es el más habitual en las zonas más pobres, mientras que en zonas más pudientes se lleva a los niños a jugar en campos para once jugadores por equipo, con balones oficiales… No es la mejor manera de que los niños se desarrollen.

En los países desarrollados, los aficionados al ‘running’ se están convirtiendo en adictos al ‘running’. Sin embargo, los africanos siguen ganando sí o sí. ¿Es posible cambiar esta dinámica?

Cuando yo era un corredor de competición, se hacía una broma que decía que la única manera de hacer que los corredores americanos compitieran era enviar zapatillas y autobuses a los niños kenianos, porque así ya no tendrían que correr descalzos para ir al colegio. Era una broma, pero hay parte de verdad en ella. En la zona de Kenia en la que viven los ‘kalenjin’ no hay aficionados a correr. La gente corre para ir de un sitio a otro, es su ‘medio de transporte’. Y la gente que corre va a los Juegos Olímpicos. ¡Si corres por otra razón eres tonto! De hecho, creo que si la economía se desarrollara de la noche a la mañana en el valle del Rift, veríamos menos corredores porque sus habitantes tendrían más opciones en la vida. A menos que esto ocurra, los mejores corredores del mundo procederán de la tribu kalenji. Como muestro en el libro, ellos tienen una fisiología única, la mentalidad ideal y viven a un altitud especial que denomino ‘the sweet spot’ (‘el punto dulce’). Los ‘kalenjin’ son solo una pequeña tribu -solo el 12% de la población keniana-, pero dominaran las carreras de larga distancia a menos que su territorio cambie. Para poner en perspectiva su éxito, hay que considerar que solo 15 maratonianos españoles han corrido por debajo de 2:10 en toda la historia. 32 kenianos de la tribu kalenji lo consiguieron en un solo mes -octubre de 2013-.

Si un inversor o mecenas quiere poner dinero en deporte, ¿en qué tiene que invertir? ¿Educación? ¿Salud?

En la actualidad -gracias a la denominada regla de las 10.000 horas-, ha habido un impulso de lo que llamo hiperespecialización. Significa que, a edades tempranas, los atletas infantiles se ven obligados a centrarse en un solo deporte todo el año. Además, entrenan y compiten como los adultos. Para empezar, la ciencia aplicada al deporte demuestra que esto es malo para la salud: un estudio desarrollado por la Loyola University de Chicago concluye que los chicos a los que se induce a una alta especialización antes de los 12 años tienen una elevada probabilidad -el 36%- de sufrir una lesión por sobresfuerzo. Los investigadores del estudio vieron niños con fracturas por estrés en brazos, piernas y espalda; chicos con ligamentos y tendones dañados. Algunas de estas lesiones les perseguirán para siempre. Un tema interesante en el estudio es que los niños que proceden de familias con más recursos son propensos a sufrir más lesiones. Es porque su familia puede pagar a entrenadores privados y viajar todo el año. Independientemente de la salud, la ciencia está demostrando que una hiperespecialización temprana no es el mejor camino para mejorar las habilidades. Las futuras estrellas comienzan a practicar más una vez iniciada su adolescencia o incluso en su tramo medio. La ciencia dice que los adolescentes tienen que tener un periodo de prueba (‘sampling period’). Deben probar con varias disciplinas deportivas, tener variedad de habilidades físicas y encontrar el deporte que mejor se adapte a su fisiología y psicología. Solo entonces deben especializarse.

Si dependiera de mí, pondría dinero para que para que entrenadores jóvenes y veteranos trabajaran juntos. Si un entrenador solo tiene como incentivo que su grupo de niños de diez años sea el mejor, evidentemente se verá obligado a especializarlos como si fueran adultos. A estos entrenadores deberíamos hacerles partícipes del sistema si queremos que hagan lo mejor para los pequeños. Por otro lado, también invertiría en hacer campos y pistas más pequeñas… para los más pequeños. ¿Por qué el fútbol sala es el deporte con más opciones de desarrollo? Porque el balón, el área de juego… están hechos para los niños. El ritmo es frenético y los niños toman decisiones constantemente, incluso cuando no tienen el balón. Este es el crisol en el que se cultiva la grandeza. No tiene sentido que los niños jueguen con las normas y los campos hechos para los mayores.

Sir Ken Robinson dice que las escuelas matan la creatividad. En deporte, hablamos de centros de alto rendimiento. ¿Matan estos centros el talento de los atletas?

No, en su mayoría, este tipo de centros no destruye la creatividad. Los atletas no deberían estar en estos complejos cuando son muy jóvenes y, de hecho, no lo están. Está claro que recibir muchas lecciones estructuradas -un entrenamiento ‘cuadriculado’ e intensivo- es contraproducente para los atletas jóvenes. Pueden matar su flexibilidad mental, necesitan jugar. Más tarde, en cambio, el alto rendimiento puede ayudar. Incluso algunos de estos centros son realmente creativos. Como Sir Ken Robinson, recientemente ofrecí una charla en TED. Parte de mi exposición se centró en cómo la innovación tecnológica ha cambiado los deportes y cómo incluso la ciencia está enseñándonos cómo la influencia del cerebro en el rendimiento está abriendo nuevos caminos para la excelencia. Todo esto se ha hecho con atletas y científicos trabajando juntos. Me voy al ejemplo de Australia. Cuando fue elegida para los Juegos de 2000, el país puso mucho dinero en el Australian Institute of Sport, un instituto deportivo para atletas de elite que centró sus esfuerzos en aquellos que vivían en campus universitarios. En un trabajo conjunto, el centro ayudó a algunos atletas a cambiar a otros deportes que se ajustaban mejor a su talento. Algunos de ellos dieron el salto de ser buenos a ser excelentes. Funcionó muy bien y Australia ganó diez veces más medallas per cápita que Estados Unidos. En este caso, los científicos ayudaron abrir las mentes de los deportistas, no las cerraron.

Hoy en día no se para de hablar del fenómeno del Big Data en Deporte. ¿Se está vendiendo humo? ¿Qué pueden aportar los datos al atleta?

Hay un exceso de expectación sobre el Big Data en deporte, pero también hay mucho potencial en el concepto. Tenemos ya alguna enseñanza práctica tanto en la NBA como en el béisbol, un deporte que ha cambiado por las aportaciones del Big Data. Dicho esto, creo que nos ‘enamoramos’ rápidamente de los grandes conjuntos de datos antes de saber qué es los que realmente quieren decir. Los datos no hablan por sí mismos. Debemos conocer qué parámetros son importantes y cuáles podemos cambiar. Suelo contar una historia sobre como unos científicos en el Reino Unido ayudaron a un saltador de longitud a ganar una medalla de oro. Se dieron cuenta de que había tres factores que determinaban lo lejos que podía saltar el deportista: la velocidad en la aproximación, la fuerza que imprimía al saltar y el ángulo del salto. Eso es todo. Llegaron a la conclusión de que no podían cambiar su velocidad y, dado su nivel, apenas podían modificar la fuerza al saltar. Pero sí podían cambiar el ángulo de su salto, por lo que trabajaron este aspecto una y otra vez, hasta que lograron el ángulo perfecto. Entonces llegaron los Juegos Olímpicos. El atleta no tenía la mejor aproximación a tabla, ni ponía mucha fuerza en la tabla, pero el saltador consiguió el ángulo perfecto en el vuelo y logró la medalla de oro. Esto es ‘small data’, pero es un ejemplo de que los datos funcionan si se sabe lo que importa y, además, sabes que lo puedes cambiar y lo haces. Los datos solo son útiles si abordan lo que importa y se puede hacer algo al respecto. Así que, pienso que antes de mirar exclusivamente a los datos, necesitamos un profundo conocimiento de la estructura subyacente al deporte. En otras palabras, debemos hacer las preguntas correctas a los datos, de lo contrario solo serán humo.

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