Una medalla olímpica de Jesse Owens, los guantes del último combate de Muhammad Ali o el borrador con las primeras normas del baloncesto. Son objetos que forman parte de la historia del deporte, recuerdos que sirven para entender las hazañas de sus propietarios, iconos que suceden en el tiempo a los héroes de la mitología. Es la industria de los recuerdos del deporte, un sector valorado en 1.800 millones de euros. 

Casi cuatro millones de euros (4,4 millones de dólares). Es el precio que un coleccionista pagó en 2012 por la camisa que Babe Ruth, uno de los íconos del deporte norteamericano, vistió en sus primeros partidos como jugador de los New York Yankees en 1920. El que quizá pueda considerarse como el ‘Maradona del béisbol’ -su afición por conseguir gestas deportivas sólo es comparable con sus hazañas en el lado oscuro de la vida-, es la gran referencia del coleccionismo deportivo. Gorras, bates, fotografías, contratos…, del jugador de Baltimore superan habitualmente el medio millón de euros en las casas de subastas. Es la industria de los recuerdos deportivos, un sector con apenas tradición en España y que funciona desde hace más de un siglo en Estados Unidos.

Un origen nada saludable

Los primeros productos u objetos de coleccionismo deportivo se elaboraron en el último cuarto del siglo XIX. En 1880, las compañías de tabaco iniciaron acciones promocionales que consistían en regalar con los cigarrillos pequeñas tarjetas con el retrato coloreado de jugadores de béisbol. Esta estrategia de marketing para aumentar ventas fue rápidamente llevada a otros sectores, como fue el caso de las pastillas de jabón o los paquetes de chicle. Ya en 1930 se numeraron las tarjetas y se apostó por hacer una colección por temporada. Lo que en principio era una acción publicitaria se convirtió en toda una industria de producción de tarjetas coleccionables. Después de la Segunda Guerra Mundial, se produjo un nuevo giro: los aficionados comenzaron a esperar a los jugadores tras los entrenamientos y los partidos para conseguir su autógrafo sobre las tarjetas. Es el despegue de la ‘memorabilia’ deportiva.

En un siglo, las costumbres han cambiado y el béisbol y las tarjetas clásicas han dado paso a nuevas tendencias. SportsMemorabilia.com indica que los productos más habituales entre los coleccionistas de recuerdos deportivos son los jerseys o camisetas (24% del mercado); las fotos, tarjetas o cromos (23%); los cascos de fútbol americano (8%); las bolas de béisbol (8%); y los balones de fútbol americano (5%). De esta distribución se deduce que el fútbol americano, la NFL concretamente, es la competición que más juego da a los aficionados a la ‘memorabilia’, con el 34% de los artículos del mercado. Le siguen el béisbol (MLB), con el 26%, y el baloncesto (NBA), con el 10%.

‘Memorabilia’ versus réplicas

Los coleccionistas distinguen entre dos tipos de artículos deportivos. Por un lado, están los artículos de ‘memorabilia’ (recuerdos), que son camisetas, fotos, cromos…, que han sido firmados por un deportista y tienen el certificado de autenticidad expedido por un distribuidor o coleccionista de renombre; por otro, las réplicas y los productos deportivos que no cuentan con el autógrafo del atleta. En este último caso, se trata de ‘collectibles’ (objetos de colección).

El último estudio elaborado en 2012 por la web especializada SportsMemorabilia.com indica que el mercado de réplicas y productos licenciados alcanza los 10.500 millones de euros, mientras que los productos deportivos autografiados, si bien son los que tienen los precios más elevados por unidad, tienen un valor cercano a los 1.800 millones de euros. El despacho de inversiones Touch Invest incluso eleva ese volumen hasta los 4.400 millones.

Es toda una industria dentro de la industria del deporte. Incluso cuenta con una estructura muy asentada en la que un objeto de coleccionista tiene que pasar por una casa de certificación (Proffesional Sports Authenticator, James Spence Authentication…) para poder ser colocado en las más de mil de subastas que casas como SCP Auctions, American Memorabilia o Heritage Auctions celebran cada año. Este trámite burocrático tiene su sentido si se hace caso a las estimaciones del propio FBI: hasta el 50% de la ‘memorabilia’ podría ser una falsificación. Un fuente respetada en el sector para conocer de primera mano la valoración de ‘memorabilia’ es el proyecto PriceRealized.com, que recoge una potente base de datos con el precio que han obtenido recuerdos deportivos en las principales casas de subastas de Estados Unidos en los últimos 20 años.

Ruth, Naismith y Wagner copan el podio de la ‘memorabilia’

La camisa de juego de Babe Ruth es el ‘número uno’ del sector desde hace un par de años. Anteriormente, el récord lo poseía la casa Sotheby’s, que en 2010 adjudicó el borrador con las normas del baloncesto que escribió James Naismith en 1891 por 3,8 millones de euros. Por encima del millón de euros también están un tarjeta de 1909 del jugador de béisbol Honus Wagner -se la considera el ‘Sagrado Grial’ del coleccionismo-, con un precio de 1,8 millones; y una de las medallas de oro que consiguió Jesse Owens en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, por 1,2 millones. ¿Qué hace que un pieza cotice más que otras? Según SportsMemorabilia.com, la antigüedad, la exclusividad o la dificultad para encontrar una pieza es más importante que, incluso, el propio valor del material del que está hecha. Lo demás es puro sentimiento: la pasión por los iconos del deporte pone el precio de salida.

 

LEER ARTÍCULO COMPLETO EN EL NÚMERO 9 DE METADEPORTE (PRIMAVERA 2015)