Finaliza 2015 con un regusto muy amargo por la proliferación de escándalos vinculados a la corrupción y la falta de ética en organizaciones deportivas de alto nivel. La situación de la FIFA es el paradigma de décadas de impunidad y soberbia en un ‘club’ que, hasta ahora, ha funcionado con sus propias leyes, no muy éticas ni respetables, por lo que se está demostrando. Lo más triste es que las irregularidades se filtran por los poros de las federaciones y organizaciones locales. Hay un goteo constante de casos de corrupción que salpican a muchos y, hasta ahora, ‘honorables’ colectivos. El charco es grande.

En España, 2016 supone una muy buena oportunidad para iniciar un cambio en esta tendencia que amenaza con anular la credibilidad de las organizaciones del deporte. Es año olímpico, año de elecciones en las federaciones deportivas. Empecemos por lo local, desde abajo. Es momento para regenerar instituciones deportivas e introducir el compromiso ético y los estándares de buen gobierno. 2016 debería ser un año de éxitos deportivos. El primero de ellos está en los valores, no solo de los deportistas y los aficionados, sino de los dirigentes deportivos. Y los valores no son campañas de marketing o hacerse fotos en actos benéficos. Los valores del deporte se sustentan, como recoge el Juramento Olímpico, en respetar y atenerse a las reglas. Después, todo lo demás, bienvenido sea. Que 2016 sea el año de los valores en el deporte.

Editorial de Metadeporte #14